Joaquín Ortega Arenas.
Para mi amadísima esposa Alicia Margarita Esquivel
Molina en el que hubiera sido el 69 aniversario de nuestra boda,
Tradicionalmente
se han considerado, erróneamente, como las más antiguas civilizaciones del
Mundo, la China, porque el
calendario chino, uno de los países más antiguos de la tierra, tiene su inicio
en el año 2697 a. de J.C. , la
Egipcia, que, se estableció en el período arcaico de
Egipto, entre los años de 2781-2777 a. C., La Asiria, cuyo calendario inicia su cuenta o bien desde el Éxodo del
pueblo judío de Egipto, ocurrido
posiblemente durante la XVIII dinastía, siglo XV antes de Cristo, o desde
“la creación del mundo”, sin que exista dato alguno para determinar esa fecha,
por lo que nos resulta forzoso considerar como fecha de la formación del calendario Asirio-Babilónico, en los años
1400 a 1300 antes de cristo.
Es palmario que, la más
antigua de las Civilizaciones en el Mundo, se desarrolló en la que Paul Kirchhoff
denominó desde el año de 1943,
“Mesoamérica”, conformada desde la zona Arqueológica denominada “La Ciudad
Blanca”, República de Honduras, hasta Paquimé, en el Estado Mexicano de
Chihuahua y , existen testimonios arqueológicos que demuestran que el
Calendario Mesoamericano fue elaborado por la Civilización Mesoamericana,
aproximadamente hace TRES MIL QUINIENTOS
AÑOS, y adoptado por todas las demás etnias que constituyeron lo que empleando términos actuales que difícilmente
son aplicables a nuestro pasado histórico,
Mesoamérica podríamos considerar que fue una “confederación” y, para tratar de comprender la fecha de inicio
del “calendario solar de 360 días más cinco días perdidos o nemontemi”.
Es necesario explicar en primer
lugar que el “cero” fue usado en
Mesoamérica, antes de que ningún otro
pueblo del mundo tuviera conocimiento de
su contenido conceptual y matemático ya que el nacimiento de la gran civilización
mesoamericana data del inicio de lo que
llamaron “la cuenta larga” el
Aristóteles, (384-322
antes de Cristo) ¸ y Ptolomeo, (100-170 D. C.),
afirmaban que “La tierra, inmóvil , ocupaba el centro
del universo”. En forma paralela, se estudiaron los movimientos de la luna
en torno a la tierra.
En Mesoamérica se emplearon simultáneamente
tres tipos de calendario: La cuenta larga, que abarca un lapso de 18.980 días
solares; el calendario común o civil de 365 días y 5 días “nemontemi”, y el
calendario sagrado de 260 días , que cada 52 años coincidía con el calendario
civil , fecha en que celebraban los pueblos mesoamericanos las ceremonias del
“fuego nuevo”. Consideraron también
el calendario lunar de 28 días tomando en consideración como señalamos, que la
órbita de la luna en torno de la tierra es mucho más corta que la de la tierra
al rededor del sol.
A falta de telescopios,
en sus observatorios dejaban espacios con piedra negra en el piso que empleaban
como espejos para examinar el cielo durante la noche e inventaron observatorios
formados con un palo central de 26 metros de altura, plantado en un
círculo de 52 metros de diámetro, para contar el
tiempo, con la sombra, minuto a minuto ,
dada la orientación de los monumentos, con el eje de simetría dirigido a
la salida y puesta del sol y de la luna, de oriente a poniente, como minuto a minuto va creando con la sombra que
proyecta un dibujo imaginario o tal vez
realizado sobre el suelo, del que se desprende en primer lugar, la
rotación y traslación de la tierra y su lugar en un inmenso espacio sideral, la
existencia de las estaciones y en la práctica, las fechas de siembra y cosecha.
Es muy probable que en la ceremonia que conocemos como los voladores de
Papantla , el alto palo en su centro no
es otra cosa que un inmenso “reloj
de sol”, en el que día a día iban observando el paso
del tiempo mediante la variación de las
sombras que proyecta el palo desde que la rotación de la tierra permite el paso
de los primeros rayos en el amanecer hasta que se pierden por el poniente al
llegar la noche, y en las noches de plenilunio , cada veintiocho días, repetir la operación con los rayos lunares.
De esa observación como señalamos, es muy probable que haya nacido su
conocimiento de los movimientos de rotación y traslación de la tierra y el
movimiento de la luna en torno a la tierra, que determina el plenilunio cada 28
días y la creación del calendario lunar y en parte la forma casi perfecta de
medir el tiempo. Estos hallazgos, sobre todo el primero de los
mencionados, nos han hecho recapitular,
además, en el origen y usos de lo que
sólo es hoy un atractivo circense-turístico conocido como los “Voladores de
Papantla”, ya que, el yacimiento arqueológico de “Peralta” consta de un gran patio cuadrado de noventa
por noventa metros que en su lado
oriente remata en un círculo perfecto y
en el centro de éste, el lugar para asentar el largo poste de veintiséis metros
que se utiliza en ese espectáculo, que es para permitir a cuatro de los danzantes que trepan al palo para las
ceremonias, dar trece vueltas justas antes de tocar el suelo la invención y uso
de los relojes de sol, existió también en el Viejo Mundo y, al parecer, el
primer reloj de sol fue construido en el Siglo VII antes de cristo y se conoce
como el Cuadrante de Achaz.
Plinio el Viejo
(23-79 D.C.) relata que el emperador Augusto hizo construir aprovechando un obelisco egipcio, el llamado Reloj Solar de Augusto, que tal vez
emplearon en forma similar al reloj de sol Mesoamericano.
En la “Cañada de la Virgen”, (Abasolo,
Estado de Guanajuato), sobre una meseta que se rellenó artificialmente con una
inclinación de 18º obtuvieron que el paso del sol determinara fechas
calendáricas que hicieron posible la siembra y la cosecha. En ambos sitios
existen patios hundidos conformados por piedras basálticas que rellenos de
agua, transformados en espejos constituían los verdaderos observatorios en los
que los astrónomos mesoamericanos contemplaron durante siglos quizá el
firmamento.
El resto del monumento, ocupado por un gran
patio cuadrado en los tres lados, el que
da al poniente y los que dan al norte y
al sur, cuando el cielo está despejado,
casi siempre en estas zonas, permite tener un reflejo de la bóveda celeste, efecto espejo, y estudiar a los astros, estrellas, planetas
y cuanto cuerpo celeste se refleje en
ese espejo de agua. En el lado poniente
de este descomunal espejo observatorio, con toda calma, sentados o acostados en
la “tribuna” los científicos podían pasar días enteros observado los
movimientos celestes que los llevaron al desarrollo, aun no igualado del saber
que en esas ramas, habían alcanzado.
Empero, resulta evidente que lo que conocemos
hoy como “Voladores de Papantla”, era una ceremonia que se efectuaba cada trece años, a partir el día del
solsticio de verano, hoy día 24 de
junio, en que cada 52 años celebraban el nuevo ciclo mesoamericano y deben
haber celebrado la ceremonia de los
voladores, en la que subían y
siguen subiendo al alto madero cinco personas. Una de ellas, después de hacer
invocaciones a los cuatro puntos cardinales, danza incansablemente en las
alturas tocando una chirimía y las otras cuatro suben por cuatro cuerdas que
enrollan en el palo y les permiten deslizarse hacia el suelo cabeza abajo, atados de las reatas y dar exactamente trece
vueltas antes de llegar al suelo. Se dejan
caer atados de los pies y bajan lentamente hasta estar cerca del suelo, se
voltean en el momento preciso y lo tocan ya de pie, con toda serenidad. Cuatro “voladores” que descienden de
cabeza, pueden haber significado que al momento de iniciarse el nuevo ciclo de
cada lapso de trece años iba a
transcurrir tal vez con sobresaltos, pero que al llegar a su clímax de
cincuenta y dos años, el nuevo ciclo, el que se inicia, transcurrirá sin
sobresaltos como lo ha sido la llegada de los trece al final de su peligroso
descenso.
En Mesoamérica, desde el inicio de la cuenta
larga en agosto 13 de 3224 antes de Cristo, (Calendario Juliano), se tomó como
base que la tierra es un planeta esférico
que gira alrededor del sol con una vuelta sobre su eje cada día, es
decir, la teoría heliocéntrica, a diferencia de las que estuvieron en boga en
los países occidentales y Asia.
Existen en Mesoamérica testimonios plásticos
que nos permiten saber de cierto que antes del siglo primero de la era
cristiana sabían perfectamente que el año solar se compone de 365 días, de la
existencia de cuatro estaciones perfectamente
ubicadas en el tiempo que determinaban los ciclos agrícolas de los que
dependía su subsistencia.
La Gran Pirámide de Kukulcán, en Chichén Itza,
Yucatán, se asienta sobre un “Cenote” y una plataforma rectangular de 55.5
metros y una altura de 24 metros, con cuatro escalinatas, una por cara lado con
91 escalones y uno que lleva hasta la edificación que corona el monumento, es
decir, en total tiene 365 escalones, uno por cada día del año mesoamericano.
La Pirámide de Tajín, “Ciudad del Trueno”, (Estado de Veracruz), conformada en
siete niveles con acceso por una escalera ubicada en el lado norte, contiene
365 nichos, (uno por cada día del año solar), y conserva vestigios de pintura
roja por el exterior y negra dentro de los nichos.
En lo que conocemos
como el Viejo Continente no fue sino hasta el Siglo XVI en que Nicolás
Copérnico (1473-1543) señaló la teoría
heliocéntrica del sistema solar, sostenida después por Galileo Galilei en el
año de 1610 en el que fue enjuiciado por su teoría y absuelto cuando reconoció
que la tierra era plana y el sol giraba en su derredor. Cuentan las crónicas
que después se ser absuelto, exclamo “ E pur si muove “, ( y sin embargo se
mueve! ). Joahnnes
Kepler,(1571-1630) en las “ Leyes sobre
el movimiento de los planetas sobre su órbita
alrededor del Sol”, contemplaba
no solo la rotación de la tierra, sino también la traslación de la misma en su
órbita al rededor del sol , teorías ya
conocidas desde hacía más de cuatro mil
años en Mesoamérica, y aplicadas desde la fecha de la iniciación de su
calendario en agosto 13 de 3224 antes de Cristo, (Calendario Juliano), a sus prácticas agrícolas y la celebración de
ceremonias cada 13 años de su sistema calendárico.
En lenguaje coloquial podemos señalar que
el “cero” fue ideado por la
civilización Mesoamericana revolucionando las matemáticas, ya que si bien es
una representación de la nada, en la forma en que se empleó por la civilización
Mesoamericana opera como un todo dependiendo del lugar en que sea colocado; si
se coloca detrás de un 7 la cifra se convierte en 70 y así se ha entendido
desde que su uso se generalizó a todos los ámbitos del mundo. Sin embargo, no
se ha hecho una interpretación del caso en que el cero precede a alguna cifra,
haciéndose común la estimación de que carece totalmente de valor, “…un cero a
la izquierda…”
En la fecha que señala el inicio de la cuenta
larga, antes de la fecha 4 ahau,
se colocaron seis ceros, el
primero a la izquierda y los siguientes con punto intermedio y bien puede
interpretarse, dado el eminentemente imaginativo sentido de las lenguas
mesoamericanas, como un lapso de
miles o de millones de años
anteriores a la fecha señalada,
como una confirmación de la creencia mesoamericana de la creación del universo
en forma natural y la evolución de las especies como consecuencia de ella, sostenida muchos años después por Charles
Darwin, en contraposición con las
religiones monoteístas que la atribuyen
a una creación divina por un dios
todopoderoso, llámese Dios Padre, Jehová,
Alá , Buda, Júpiter, o Zeus Cronida.
4 ahau, corresponde al calendario Tzolkin o calendario sagrado, de los mayas,
que tenía 360 días, divididos en dieciocho meses de dieciocho días, imix
(lagarto), ik (viento), akbal (noche, oscuridad), kan (maíz, lagartija), chicchán (serpiente celestial), cimí (muerte), manik (venado), lamat (conejo,
venus), maluc (jade, lluvia), oc (perro, pie), chuen (artesano, mono), eb (rocío,
diente), ben (caña de maíz), ix (jaguar), men (águila), cib (cera,
tecolote), cabán (tierra, temblor), ez'nab (pedernal), cauac (tormenta) y, ahau
(señor). La fecha mencionada corresponde a la cuarta de las trece veces que en
el año se presentó el día Ahau.
El glifo que representa al
cero
, puño
cerrado con los dedos con los que empezó el hombre a contar y una concha que representa
la muerte. Se puede interpretar , dado el carácter eminentemente descriptivo y
gráfico de la escritura mesoamericana, como un reconocimiento de que la muerte
que cobija la mano es la nada; que la mano humana, con cinco dedos de los cuales uno se opone a los otros cuatro
permitiendo esa forma el desarrollo de
actividades vedadas a antropoides que carecen de esa
característica, y el desarrollo del
hombre como ser especial creado por la
naturaleza poseedor de una mente en constante desarrollo que permite el
conocimiento y dominio de la naturaleza; La invención de la agricultura para su
sustento diario y por último, la
comprensión de los ciclos naturales para
siembra y cosecha. Emana de esos
conocimientos adquiridos en miles de años de observación constante el
conocimiento de la astronomía, la ciencia matemática, la creación de un
calendario no superado hasta estas fechas
y el progreso constante de la mente humana.
Puede interpretarse además, como anuncio de un
ciclo que ha concluido y otro que se
inicia, Colocado el cero como se
encuentra en los glifos con los que se estableció el inicio de la “cuenta
larga”, antes de la fecha cierta hasta en seis ocasiones, se comprendió con ello la existencia de la
naturaleza desde su inicio hace miles o millones de años, o mínimo desde que el hombre desarrolló la
inteligencia, para proseguir con ella hasta que
encontró cómo medir el tiempo, descubrir que la tierra es una esfera que
gira sobre su propio eje y a la vez, en derredor del sol, astro central de la
galaxia en la que se encuentra colocado en el espacio infinito. Rotación y
traslación del planeta en que habitamos.
Resumimos, y señalamos: la gran civilización
mesoamericana con sensibles adelantos en todos los órdenes a los que habían
llegado las demás civilizaciones de la tierra, conformó un calendario,
el mejor que existe hasta la fecha; una organización socio económica comunal
basada en el “calpulli”, un mito,
la Serpiente Emplumada, “Quetzalcoatl” y un rito el “Juego de Pelota
“ que caracterizaba a todas y cada
una de las etnias que habitaron desde la hoy República de Honduras hasta lo que
es el Estado de Chihuahua en la
República Mexicana totalmente aniquiladas por la codicia, la maldad y la fatalidad. Merecen un
recuerdo de cómo se realizó su destrucción y una explicación del por qué dejó
una trágica saga que aún padecemos los mexicanos.