1/31/2011

LA FIESTA BRAVA.

Joaquín Ortega Arenas. Para Fernando de Gyves y Enrique Ortega Arenas Taurófilos excepcionales e inolvidables Vamos a interrumpir, una vez mas, el ritmo de estos Blogs para complacer a un amable lector que desde Barcelona nos pidió, hace ya varios meses, un análisis de lo que llamamos “La Fiesta Brava”, es decir, la lidia de reses bravas y la posibilidad de que seas suspendidas las corridas de toros. Mi opinión, no tiene nada de científica, sino que es producto de la simple observación de todos los elementos que la componen y la han convertido en un espectáculo que forma parte ya de la vida de España, Portugal, el Sur de Francia y varios países latinoamericanos como Perú, en dónde se encuentra la Plaza de Toros de Acho que se construyó en el siglo XVIII, al igual que la de Ronda, en España; Ecuador, Colombia, Venezuela en el Como Sur y México en el Norte. El elemento básico, desde luego es el toro. El “toro de lidia”, el “toro bravo”, no es un bovino común, es otro tipo de raza, que se caracteriza por ser indomesticable e indomable, como lo es por ejemplo el Tigre de Bengala; la morfología del toro de lidia es también diferente; que está dotado de dos astas hacia delante, grandes y filosas, especiales para la ofensa y la defensa; un cuello especialmente musculoso, al igual que sus cuartos traseros; una imagen única, en especial, como dicen los taurinos, “enmorrillado, con pezuña pequeña y largo rabo”, siempre dispuesto a agredir y contestar cualquier agresión, características conocidas como “bravura”. Se ha tratado de considerarlo descendiente del “Uro”, o producto de cruzas y cambios genéticos, teoría que, no obstante el parecido físico con ese animal desaparecido hace miles de años, no compartimos. En Francia se ha conservado un territorio ocupado desde épocas inmemoriales por “toros bravos”, “la Camarga” ubicado en las cercanías de Montpellier. Creemos que es un tipo de bovino que existió en Creta y nos avala la leyenda de Hércules y el Toro de Creta; en el noroeste de España y en el Sur de Francia. En pinturas existentes en cuevas de Valencia y Cáceres, se encuentra un toro, conviviendo en armonía con el hombre; en las de Altamira y Lescaux, en eterno combate. El la primera, aparece una pierna humana apresada en un cuerno de toro, y en la segunda el primer testimonio gráfico de muerte de un hombre por un toro. Sentada la existencia de la materia prima que ha originado la fiesta de toros, nos resta tratar de encontrar la causa y el efecto de la existencia de lo que llamamos “la Fiesta de Toros”. Tal vez, y es una idea que me surgió viajando de Talavera de la Reina a Ávila por las antiguas carreteras franquistas. De repente me encontré frente a un vallecillo, en el que a primera vista parecía que en medio de un gran pastizal, se encontraban varios toros de tamaño descomunal. El espectáculo en si, es hermosísimo. Estoy hablando del Valle de Guisando. Tal vez, pensé, la fiesta de toros actual deriva en principio de la lucha entre el hombre y la bestia, por el espacio vital. El toro, desde hacia cientos o miles de años dominaba ese lugar para satisfacer sus necesidades y…de pronto apareció el hombre en busca de terrenos propicios para asentarse y practicar la agricultura. La guerra no se hizo esperar. El toro a defender su supervivencia y el hombre a arrebatarle su coto de vida. La lucha debe haber durado quizá siglos en los que cada parte obtuvo victorias y derrotas. El hombre defendiéndose y ofendiendo con lanzas de madera. El toro con su cornamenta y su poder. Cuando el triunfo correspondía al hombre, aquel que había matado al enemigo y proporcionado alimentos para muchos días, era considerado por el grupo humano al que correspondía como un héroe. Si fallecía en el intento, como un mártir. En las cercanías de Soria, si no mal recuerdo, existen ruinas prehistóricas de corraletas de piedra con doce lugares, y hará unos 40 años, se descubrieron en una cueva cercana, pinturas rupestres en las que un grupo de hombres armados con grandes lanzas arriaban, por decirlo así, a doce toros con las características del toro bravo. Quién sabe cuanto tiempo haya trascurrido en esa situación. Un buen día llegaron a España los árabes dotados de una cultura superior. Encontraron en el espectáculo un atractivo acorde con su arrojo y valentía e iniciaron la lucha a bordo de sus espléndidos caballos con ayudantes a pie que dotados de mantas para llamar la atención del animal, les proporcionaban la forma de “alancear” a los toros bravos. La costumbre se fortaleció durante el tiempo de la reconquista y un poema anónimo, adoptado como ejemplo de la sintaxis castellana nos otorga un valioso testimonio de eso, dice así: “…Sobre un caballo alazano Cubierto de galas y oro, Un caballero cristiano, Demanda licencia ufano, Para alancear a un toro….” Concluida la reconquista, ya en tiempos de los Reyes Católicos continuó la tradición de siglos de lidiar toros bravos. Los ganaderos españoles celosos de conservarla, se esmeraron no sólo en conservar la raza de toros bravos, sino enriquecerla con cruzas constantes para mejorar las condiciones de lidia de todas las que pudieron rescatar, anticipándose al Sabio Monje Austriaco Gregorio Mendel en el estudio de la herencia y la genética. A diferencia de los épocas árabes la lidia pasó a ser a pie, con ayuda de jinetes a caballo cuya labor es restar poder al toro para emparejar un poco la tremenda diferencia entre hombre y bestia. Se anunciaban “corridas de doce toros” que, poco a poco fueron transformándose en medias corridas, seis toros. El lidiador, como en los más remotos tiempos de la lucha entre hombre y toro, era y es considerado un Héroe; se le viste de seda y oro; a sus ayudantes o peones de “pasamanería” al igual que a los jinetes que “pican” al toro. Como es natural, la lidia ha evolucionado sin que por ello haya perdido su sentido original de la lucha por la subsistencia y la supervivencia de hace quien sabe cuantos cientos o hasta miles de años. Las pinturas rupestres de las Cuevas del norte de España y el Sur de Franca, se estiman de una antigüedad de veinticinco mil años y en ellas encontramos los primeros testimonios plásticos de una cogida de toro y de la muerte de un torero. No, mi querido y amable lector de Barcelona. Una tradición , una historia que tiene muchos miles de años no puede ser borrada por un Decreto de la Diputación Catalana. Nada tiene menos crueldad que la forma en que se mata a los toros en los rastros de todo el mundo; de la que se utiliza para que los gansos tengan un hígado de un kilo; de la que deriva de encerrar a una gallina en una jaula en la que apenas cabe para aprovechar sus huevos; que la forma en que se matan los borregos cortándoles el cuello cuando están colgados vivos con la cabeza hacia abajo para aprovechas su sangre; en Norteamérica asesinaron millones de búfalos para aprovechar las pieles y matar se hambre a los indígenas; día a día de matan centenares de elefantes parar aprovechar el marfil de sus colmillos; las ballenas, los delfines, las focas son asesinadas con toda frialdad en todas partes; la cacería, es un deporte que permite y ha permitido que una gran cantidad de especies animales hoy se encuentre en extinción, o ya se han extinguido; los estadios se llenan de fanáticos para ver una pelea de box, en la que dos retrasados mentales se acortan la vida a puñetazos y eso no es crueldad, es “cultura”; sin embargo, que mayor crueldad que la que ponen en práctica casi todos los gobiernos del mundo para tratar a los presos en sus cárceles…..

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