5/22/2011

EL ASESINATO DE VENUSTIANO CARRANZA.

Joaquín Ortega Arenas.

Del libro de mi autoría, “20 de noviembre de 1910, ¡LA BOLA ! he entresacado el episodio de la muerte de Venustiano Carranza que ofrezco hoy, a mis lectores:

“…A principios del año de 1920, se celebrarían elecciones, en las que se presentaría el general Álvaro Obregón como candidato del Partido Laborista, y un candidato civil elegido por el Presidente Carranza que pretendió el cambio del militarismo al civilismo en el poder y sugirió la candidatura del Ingeniero Ignacio Bonillas . Tal vez influyó en esa decisión un mensaje en que Woodrow Wilson Presidente de los Estados Unidos de América por conducto del Secretario de Estado, Bainbridge Colby, responde a Carranza sobre los intereses petroleros norteamericanos, así como de la diplomacia a seguir en México.

La elección del Presidente causó un gran disgusto a los generales sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, Secretario de Industria Comercio y Trabajo en funciones en ese momento, que para evitar la “maniobra” de Carranza, se levantaron en armas con el “Plan de Agua Prieta”, lugar de nacimiento de Plutarco Elías Calles, en el que sin ningún contenido social, solamente se desconocía a Carranza con un pretexto invalido y hasta tonto pero que fue suficiente para iniciar una nueva asonada, contando con las armas que Carranza había entregado a Obregón para “la defensa de las Instituciones”, lo que obligó al Presidente a abandonar la Capital de la República y dirigirse hacia el Puerto de Veracruz, otra vez.

En la estación de Guadalupe Hidalgo, (La Villa) se encontraban ya formados los trenes en los que se conduciría a una regular fuerza militar que acompañaría al Presidente.

Vale la pena comentar los avatares que se produjeron con esa huída. El Presidente ordenó al Tesorero General de la Nación entregara a el subsecretario de Gobernación y éste, al General Juan Barragán, persona de su absoluta confianza, los SESENTA MILLONES DE PESOS, ORO que se encontraban en ese momento en las arcas nacionales y los condujera al Tren Dorado, el tren exclusivo para el uso de señor presidente, orden que fue cabalmente cumplida.

Otra catástrofe imposible de prevenir se abatió sobre el Presidente, una “maquina loca” cargada de dinamita se estrelló en contra de los convoyes que transportarían la tropa encargada de proteger al vagón Presidencial momentos antes de la salida, inutilizándolos, por lo que el Presidente se vió obligado a prescindir de su escolta militar, quedando sólo con una escolta formada por cadetes del Colegio Militar que estaban apostados junto al Tren Dorado y uno cuantos soldados más, a las ordenes del General Francisco de P. Mariel.

A la llegada a la estación de Aljibes, en plena sierra norte del Estado de Puebla, el tren fue atacado haciendo imposible que siguiera avanzando pues la vía de ferrocarril había sido levantada.

En forma providencial, se pensó en ese momento, se presentó con una regular fuerza armada, Rodolfo Herrero poniéndose a las órdenes del Presidente. Fue allí donde Carranza supo que el Jefe de la Guarnición de Veracruz ya se había unido a los sublevados, por lo que con la “protección” de Herrero y la pequeña fuerza del General Francisco de P. Mariel, en caballos proporcionados por Herrero, se internó en la Sierra en compañía de algunos de sus principales colaboradores, el Lic. Luis Cabrera, Francisco Murguía, Manuel Aguirre Berlanga, su candidato a la Presidencial Ignacio Bonillas, y otros más,

El día 20 de mayo, llegaron al pequeño pueblo de Tlaxcalantongo, Puebla. Ahí pretendieron pasar la noche. Herrero se retiró al poco tiempo poniendo un pretexto y en las primeras horas del 21 de mayo de 1920, la gente de Rodolfo Herrero atacó los jacales donde dormían Carranza y sus fieles seguidores, casi apiladas cinco personas en la choza que correspondió a éste. Entre gritos y disparos según la versión oficial, hirieron de muerte al Presidente Carranza y afortunadamente no lastimaron a ninguno de los demás ocupantes.

Una versión diferente, relatada al que esto escribe personalmente por don Luis Cabrera, testigo presencial, es ésta:

Llegaron sí, como se ha relatado, hasta el caserío de Tlaxcalantogo; fueron llevados por Herrero a diversas chozas, y en una de ellas alojaron al Presidente y otras personas, entre otras el autor del relato. A la media noche, fueron despertados por gritos de ¡Muera Carranza! y balazos disparados al aire. El Licenciado Cabrera pretendió levantarse y el Presidente, casi en tinieblas se puso de pie y sereno pero firme, dijo: “Calmados, esto solo es conmigo” y se dirigió a la puerta de la choza, y al momento de abrirla recibió primero, un balazo en un muslo de que le rompió el fémur por lo que su cuerpo giró y antes de caer recibió varios balazos más en la espalda, Los atacantes, quizá en medio de la oscuridad reinante y entre la copiosa lluvia identificaron al Presidente por su blanca barba y cuando lo vieron caer, se retiraron a todo galope. Llegaron varias personas de la comitiva que estaban alojadas en otras chozas y procedieron a levantar el ya cadáver del Presidente. Mi ilustre informante y otras personas más, en cuanto volvió la calma, fueron conducidos por el Lic Cabrera hacia el Pueblo de Zacatlán, del que era oriundo.

Los relatos oficiales del suceso, no concuerdan de ninguna manera con los hechos evidentes que constan en documentos celosamente guardados en el Acervo Histórico Condumex, en el que existe un telegrama enviado por Plutarco Elías Calles, Secretario de Industria, Comercio y Trabajo en el gabinete de Carranza dirigido al Teniente Coronel de Caballería Lázaro Cárdenas de Río, Jefe de la Zona Militar de Tuxpan, a la que correspondía Tlaxcalantongo, en el que escuetamente le ordena: “El señor Presidente va hacia su zona. No debe salir de ella.” Comunicación que indudablemente originó el que el Teniente Coronel de caballería Lázaro Cárdenas del Río, enviara a Rodolfo Herrero a Villa Juárez, Puebla, la comunicación que textualmente señala:

“…Lo saludo afectuosamente y le ordeno que inmediatamente organice a su gente y proceda a atacar a la propia comitiva , procurando que en el ataque que efectúe sobre esos contingentes, muera Carranza en la refriega , entendido de que de antemano todo está arreglado con los altos jefes del Movimiento y, por lo tanto cuente Ud. conmigo para posteriores cosas que averiguar…..como siempre , me repito su atento amigo, compañero y S.S. Lázaro Cárdenas….”

Ambos documentos, celosamente guardados en el poblado serrano de Patla, estuvieron en las manos de quién esto escribe por haber sido llamado profesionalmente a la operación de venta realizada por su hasta entonces tenedor, del que me reservo dato alguno por obligarme a ello el secreto profesional que se realizó con el Acervo Histórico Condumex; Se me permitió tomar fotostáticas de ambos documentos que desgraciadamente presté al Lic. Franco Carreño García y jamás me devolvió, pero que gracias a investigaciones actuales de Juan Ramón Jiménez de León profesor de Posgrado de la F.C.A. UNAM, han sido “hallados”, consultados y fotocopiados en los Archivos del Acervo Histórico Condumex.

Rodolfo Herrero, perteneció durante muchos años a las “Guardias Blancas” que las compañías petroleras tenían desplazados en toda la zona, a ciencia y paciencia de las autoridades mexicanas, para la protección de “sus bienes” capitaneados por el “General” Manuel Peláez. Eran mas de 15 000 hombres perfectamente armados y pertrechados en mejores condiciones que la tropa del Gobierno.

Tras el asesinato, Herrero fue conducido por Cárdenas a la Ciudad de México en compañía del General Juan Barragán y ( ¡ojo por favor! ) devolvieron los TREINTA MILLONES DE PESOS, ORO, que Carranza llevaba en el Tren Dorado, encontrados varios días después del asesinato. Tras breve investigación, Herrero fue liberado…”

Los periódicos de la Ciudad de México dieron la noticia de que el Presidente se había suicidado.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No solo Cardenas sino otra columna con avila camacho, ataco a Carranza. Y los cadetes de colegio Militarbs se quedaron en la Ciudad de Mexico, porque no eran traidores al Sr. Presidente Carranza

Anónimo dijo...

A los Cadetes del H Colegio Militar ignoro quien dio la orden de no acompañar a Carranza

Anónimo dijo...

LAS TRAICIONES SIEMPRE PRESENTES, ASI COMO LA EXISTENCIA DE LAS COMPAÑOAS EXTRANJERAS QUE CORROMPEN A LOS OFICIALES MEXICANOS, DE TODAS LAS EPOCAS..AHORA QUE FRANCO CARREÑO DEVUELVA LOS DOCUMENTOS, HOMBRE!!!


LIC. JORGE BRISEÑO ECHEVERRIA

Anónimo dijo...

mmm jaja y donde quedaron los otros 30 millones?

Joe Aguirre dijo...

"El que a hierro mata, a hierro muere", así se lo había sentenciado Villa al gigante de Cuatro Ciénegas, que es sin duda uno de los grandes asesinos y canallas de la nación. Además de haberse aferrado al poder es de sobea conocido su ser de sangre y exterminio de los jefes revolucionarios de quien en su momento se sirvió, basta recordar a Zapata y a Felipe Ángeles, quienes murieron por mandato del coahuilense. Una muerte sin duda que se quedó corta, tomando en cuenta lo que Carranza hizo con la patria.

chisperopolitico.blogspot.com dijo...

Así deberían morir todos los traidoes, pero ahora se premian. Carranza con su agachada de mandar a matar a Emiliano Zapata, creo que, como dice Joe, se quedaron corto sus asesinos.