6/21/2014

“LA SUAVE PATRIA “.




Joaquín  Ortega Arenas.
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Ramón López Velarde, zacatecano inmortal escribió poco antes de su fallecimiento,  el 19 de junio año de 1921, un poema increíble para conmemorar el primer centenario de la consumación de la independencia, poema  aun no estudiado ni explicado por las críticas literarias, en el que  jugueteó con el idioma español y sus Tropos, y con los idiomas nativos de esta gran Mesoamérica que con un GLIFO, decían más de mil palabras, para  describir, con unas cuantas palabras, los miles de imágenes que  contenían los antiguos glifos.   
Las lenguas mesoamericanas eran imaginativas.  Los conceptos que la componían podían interpretarse de muchas y muy diversas maneras, como lo hizo notar  el  “ …muy Reverendo Padre Fray Antonio de Molina, de la Orden del  bienaventurado  nuestro Padre Sant Francisco…”desde el año de 1559 en que “…compuso” el “Vocabulario en Lengua  Castellana y Mexicana “ publicado  “… EN MÉXICO,  en casa de Antonio de Spinosa, 1571”., al señalar  que” Cóatl “puede  tener también  los significados de  serpiente, doble, gemelo, ombligo, experiencia, generación, masculinidad, inmovilidad, pecado...”
Aprovechando sin medida todos los tropos castellanos, (metáfora, sinécdoque y metonimia)   convirtiendo en forma increíble las palabras en “GLIFOS”,  en imágenes y exponer  en esos raros glifos, como si no fueran imágenes, tantas ideas como las que cada cerebro quiere comprender, y lograr,  cada palabra, englobando  ideas.
Alberto Merino, en su libro  Los Símbolos Precolombinos. Cosmogonía, Teogonía, Cultura. Ed. Obelisco, Barcelona 1989. señala: 
“…Para las antiguas culturas americanas, así como para las sociedades arcaicas, "primitivas" y tradicionales en general, es muy otra la valoración de los signos. Aritmética y geometría van más allá de contar, medir y describir el mundo. Los símbolos representan ideas y energías que los trascienden, y que ellos manifiestan en una forma directa, inmediata y sintética, sin la limitación lineal del discurso, de la cantidad, la forma y la duración. Es a través de ellos que el hombre conoce de otras realidades superiores, otro espacio y otro tiempo; pasando de lo profano a lo sagrado, de la multiplicidad fenoménica a la unidad arquetípica, de su perentoria individualidad a su eterna y suprema identidad.
El glifo principal de nuestros antepasados,  es el que idearon para representar la nada, el cero, que para La Enciclopedia Libre Universal en Español (enciclo@listas.us) .es:
Cero.-   Número cero es aquel que indica ausencia de unidades. En la serie natural es el origen de ella. En la serie entera indica el punto inicial para medir o contar en ambos sentido de la serie. En definitiva cero significa ausencia de unidades en las magnitudes absolutas y origen en las magnitudes relativas.
Fue “descubierto” para el mundo occidental por los árabes pero, más de tres mil  años antes, en lo que  hoy es México,  ya era conocido  y representado con este glifo,

 … un puño cerrado con los dedos con los que empezó el hombre a contar y  una concha que representa la muerte. Se puede interpretar , dado el carácter eminentemente descriptivo y gráfico de la escritura mesoamericana, como un reconocimiento de que la muerte que cobija la mano es la nada; que la mano humana, con cinco dedos  de los cuales uno se opone a los otros cuatro permitiendo esa forma el desarrollo de  actividades vedadas a antropoides que carecen de esa característica,  y el desarrollo del hombre como ser especial creado por  la naturaleza poseedor de una mente en constante desarrollo que permite el conocimiento y dominio de la naturaleza; La invención de la agricultura para su sustento diario  y por último, la comprensión  de los ciclos naturales para siembra y cosecha.  Emana de esos conocimientos adquiridos en miles de años de observación constante el conocimiento de la astronomía, la ciencia matemática, la creación de un calendario no superado hasta estas fechas   y el progreso constante de la mente humana.
     Puede interpretarse además, como anuncio de un ciclo que ha concluido y otro que  se inicia,   Colocado el cero como se encuentra en los glifos con los que se estableció el inicio de la “cuenta larga”, antes de la fecha cierta hasta en seis ocasiones,  se comprendió con ello la existencia de la naturaleza desde su inicio hace miles o millones de años,  o mínimo desde que el hombre desarrolló la inteligencia, para proseguir con ella hasta que el hombre encontró cómo medir el tiempo, descubrir que la tierra es una esfera que gira sobre su propio eje y a la vez, en derredor del sol, astro central de la galaxia en la que se encuentra colocado en el espacio infinito. Rotación y traslación del planeta en que habitamos.
En su poema inmortal  López Velarde, convierte los glifos en palabras, y  para iniciar, nos anticipa que “…para cortar a la epopeya un gajo, Navegaré por las olas civiles” , palabras en las que encierra  su propósito  pleno de “…Diré con una épica sordina: la Patria es impecable y diamantina….”
 Quizá el caso más notable de esa peculiar forma de escribir,  lo sean las  nueve palabras,  que escribió en la parte final del PRIMER ACTO, en las que resume todo lo acontecido  en  los cuatrocientos años que se iniciaron con la toma de Tenoxtitlán por nuestros “evangelizadores” el 13 de agosto de 1521,  y aun no concluían cuando el poeta falleció un triste 19 de junio de 1921, cuatrocientos años después, en que como sentencia inapelable, señala,
         “…LA HORA ACTUAL CON SU VIENTRE DE COCO...”
nuestra hora, nuestra vida, “… vacía, sin pasado, sin presente, sin futuro,  sin esperanzas de que el saqueo cotidiano, el crimen,  la inmunidad e impunidad para los responsables   que la han caracterizado desaparezca….” , para cantar a su “SUAVE PATRIA” a nuestra “SUAVE PATRIA”  en un poema mágico, desgraciadamente hoy olvidado  que dice así.

“La Suave Patria”

PROEMIO

Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.
Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.
Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.
PRIMER ACTO
Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
El Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.
Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.
Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.
Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.
Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.
¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?
Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa
el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.
Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.
Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.
Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.
¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!
Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.
Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.
INTERMEDIO
(Cuauhtémoc)
Joven abuelo: escúchame loarte,
único héroe a la altura del arte.
Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victorial
zócalo de cenizas de tus plantas.
No como a César el rubor patricio
te cubre el rostro en medio del suplicio;
tu cabeza desnuda se nos queda,
hemisféricamente de moneda.
Moneda espiritual en que se fragua
todo lo que sufriste: la piragua
prisionera , al azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado,
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como del pecho de una codorniz.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.
Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito;
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.
Inaccesible al deshonor, floreces;
creeré en ti, mientras una mejicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo, quede lleno
el país, del aroma del estreno.
Como la sota moza, Patria mía,
en piso de metal, vives al día,
de milagros, como la lotería.
Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.
Te dará, frente al hambre y al obús,
un higo San Felipe de Jesús.
Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.
Tus entrañas no niegan un asilo
para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti el cadáver hecho poma
de aves que hablan nuestro mismo idioma.
Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.
Por tu balcón de palmas bendecidas
el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.
Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.
Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el AVE
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.
Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carretera alegórica de paja.

Espero, mis queridos lectores, que disfruten este milagro literario, y guarden en su memoria las palabras de la penúltima estrofa,  acertadas, siempre inútilmente esperadas…

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