12/26/2007

LA TRAGEDIA DEL “NUEVO MUNDO”.

Joaquín Ortega Arenas.
El “Nuevo Mundo” llamaron los europeos al continente que por casualidad encontró Cristóbal Colón. Ese 12 de octubre de 1492 se inició, prácticamente, nuestro “vía Crucis”. La vida de México ha sido la vida de todos los países de América, todos ellos víctimas de la colonización española. A todas partes llegaron en el Siglo XVI a destruir y robar. Robaron a los pueblos indígenas, más avanzados que los europeos en muchos aspectos, como son: la astronomía, cuyo testimonio mayor es el calendario mesoamericano, con un error de unas cuantas horas de cada año solar, cinco días cada cincuenta y dos años que corregían con cinco días que llamaban “nemontemi”, frente al “gregorianmo” que aun nos rige y tiene en el mismo lapso un error de trece días corregidas con un 29 de febrero cada cuatro años; la medicina, pues en el siglo XII de la era cristiana, ya practicaban operaciones en el cerebro que permitían al enfermo vivir veinte o treinta años más con una placa de oro de más de cuatro centímetros, tapando la trepanación (existen varios ejemplos de ello en los museos de México y Guatemala); la arquitectura, ya que aun hoy nos parece sorprendente que los frecuentes huracanes y tormentas del caribe jamás hayan dañado lo que hoy solo son “zonas arqueológicas”. Todo esa grandeza, todo ese desarrollo, fueron criminalmente aniquilados. Los aborígenes de América, tenían tres defectos. No conocían la pólvora, no conocían, ni siquiera imaginaban, la existencia de la doctrina cristiana, y el lugar en que habitaban era inmensamente rico. Nos quitaron nuestras lenguas aborígenes. Nos quitaron nuestras creencias y nos evangelizaron en forma despiadada y salvaje, más con fines políticos de dominación que propósitos honrados de conciencia; nos inculcaron otra religión que aun, y dígase lo que se diga, no entendemos y menos aceptamos. Desde el sur de los Estados Unidos hasta la Patagonia , el sincretismo es una constante. Destruyeron y aniquilaron desde las civilizaciones Guycura, Pericue, Comache, Navajo, Kikapoo etc., hasta las lejanas Araucanas y Patagonas. El objeto de la conquista no era y sigue sin ser otro que el robo y el despojo. Los países que más sufrieron, son aquellos en los que para nuestra desgracia encontraron oro, el objeto eterno de la vida de los europeos. México y Perú, pero se ingeniaron para encontrar qué robar en todos los demás sitios que ocuparon, a partir del robo mayor, el de la tierra. Trescientos años de saqueo y explotación, de minimización de las conciencias por la buena o por medio del Santo Oficio, de “obedecer y callar” impuesto por las armas, fueron intempestivamente rotos por la invasión napoleónica a España a principios del Siglo XIX. La Constitución de Cádiz, de clara influencia francesa, cambiaba radicalmente el status de las colonias americanas y las transformaba en parte de España. Los movimientos iniciados por criollos, primero autonomistas y después independentistas, no se hicieron esperar. Miranda, Simón Bolivar, Sucre, San Martín , O Higgins, en el Cono Sur; Miguel Hidalgo, José María Morelos , Francisco Morazán y oros mas, en el Norte, lograron construir los cimientos de la independencia americana, sacudiendo, desgraciadamente en forma breve las conciencias y el hábito secular de “0bedecer y callar” Para desgracia eterna de América, la constitución de Cádiz , abrogada por Fernando VII en cuanto volvió al trono de España y vuelta a poner en vigor por la rebelión del Coronel Rafael del Riego, atrajo la atención y la codicia del nuevo país del Norte colonizado años atrás por ingleses. El Presidente de los Estados Unidos de América, James Monroe, para evitar nuevas intromisiones europeas en lo que ya consideraban su coto, dictó en 1824 la célebre sentencia convertida hoy en doctrina, “América para los americanos”., y empezó a lanzar sus tentáculos a modo de atraer a su esfera de influencia a las nuevas naciones, hasta convertirlas en sus esclavos. Para ello, echó mano de los peor que se ha podido encontrar en todos los países americanos de habla española, y los convirtió en dictadores a su servicio, práctica que aun nos tiene convertidos a todos los países de América, en esclavos del mayor y mas despiadado capitalismo que ha conocido la historia de la humanidad. ¡Ay de aquel que quiera escapar de ese dominio! Nunca ha faltado quién se levante en armas (norteamericanas desde luego) derroque y asesine al iluso patriota. La historia de la América española esta llena de nombres de tiranos y asesinos. Los Videla, en Argentina; Stroessner, en Paraguay; Pinochet, en la Reública de Chile; Carlos Andrés Perez, en Venezuela; Somoza, en Nicaragua; Odría, en Perú; López Michelsen y la “Ventanilla Sombría” de Rodríguez Lara, en Colombia; Ubico y Castillo Armas en Guatemala; Echeverría, López Portillo, De la Madrid , Salinas, Zedillo y Fox, en nuestro aporreado país, que al servicio de intereses extranjeros, han dado el tiro de gracia al nacionalismo y a las riquezas que la naturaleza legó a estas benditas tierras. Ya no es el oro el objetivo, hoy son el petróleo y el mercado perdido por nosotros ya hace muchos años éste, y a punto de perder el otro con la entrega a las nuevas SIETE HERMANAS de esa riqueza que según escribiera Ramón López Velarde, nos escriturara “el diablo”.

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